miércoles, 28 de abril de 2010

Ay, ay, ay, ese bendito mundial!!


Que los hombres se fanatizan más de lo habitual durante el mes que dura el mundial, y desde un tiempito antes, es bien conocido por todos. Pero realmente, muchachos... hay extremos que, en mi modesta opinión, no deberían alcanzarse nunca. Aquí tenemos un claro ejemplo de fanatismo mundialista.
Señor carnicero, o señor que atiende la granja de venta de pollos: ¿es esto realmente necesario? ¿No le parece un poquito mucho? No se olvide de que el mundial es en pleno invierno... Además, y a menos que sea un Adonis de cuerpo privilegiado ¿usted cree que los demás vamos a disfrutar este espectáculo? Es más, hasta podría resultar contraproducente. Porque habría que ver como toman esta promesa/amenaza los muchachos de la selección. A lo mejor juegan peor que nunca y nos volvemos en la primera ronda por su culpa.
Por mi parte, debo confesar que desde que vi este cartel mi imaginación se ha desenfrenado totalmente. Imágenes profusas de un señor entrado en carnes bailando en zunga arriba de un mostrador, haciendo gestos obscenos con una ristra de chorizos, mientras un grupo de señoras mayores de las que hacen las compras a las 8 de la mañana revolean las bolsas de los mandados dando aullidos y tratando de deslizar monedas de 50 centavos adentro de la zunga del "stripper", como si estuvieran en una especie de Golden barrial...
Puffff, esta noche no voy a poder dormir, las pesadillas serán horribles!!

lunes, 19 de abril de 2010

PRESENTACIONES


Buenas a todos, aquí me presento: la auténtica (pero no única) Cenicienta despeinada. ¿Y quién carajo es la Cenicienta despeinada? Apa, caramba, vamos a arrancar así?? Bueno, si tienen un ratito ya les cuento.
La Cenicienta despeinada es una mujer que se le acerca peligrosamente a los 40 (pero todavía le falta para llegar,¿ queda claro?), con todas las histerias y fobias posibles de una mujer en esas circunstancias, más algunas de su propia cosecha. Años de terapia la han convertido casi en un ser humano, y ese "casi" que quedó ahí colgadito explica lo del "despeine".
Los mencionados años de terapia la han llevado a preguntarse en más de una ocasión "¿Por qué justo a mí me tocó ser yo?". Gracias a la labor abnegada (y a veces un tanto cruel, debo admitir) de su terapeuta, terminó entendiendo que no fue por casualidad. Y ahí empezó el camino del autoconocimiento, la autocomprensión, el autoperdón y, por qué no, de la autocompasión. Porque la pregunta que se venía a continuación era "¿Y por qué carajos soy como soy?".
Por supuesto las causas son variadas y casi infinitas. Pero para empezar a entender cómo llegó a donde llegó, le pareció que lo mejor suele ser empezar por el principio y se remontó a su pasado lejano, a su más tierna infancia. Así, dándole muchas vueltas al asunto y pegándose un par de viajes sin haber fumado nada raro, llegó hasta un recuerdo que la dejó pensando bastante: de chiquita, ella quería ser como la Cenicienta. "No tiene nada de raro, es bastante común", se dirán muchos de ustedes. Sí, es cierto, pero en general las nenas quieren ser como la Cenicienta por la parte de la princesa. Pero ella no, ella quería el cuentito completo: en una precoz manifestación masoquista ella quería sufrir primero como una perra para entonces merecer ese destino de princesa. Y acá viene la parte más peligrosa de la historia: realmente creía que sólo así merecería toda esa felicidad prefabricada del príncipe azul y el castillo de ensueño. Le vendieron esa historia y ella la compró encantada de la vida. Claro, así era fácil, las reglas del juego eran clarísimas. ¡¡Malditos Perrault y los hermanos Grimm!! Que se pudran en el infierno... Y no olvidemos al Sr. Disney, que le puso la cerecita al postre con esa hermosa película en la que demostraba que se podía trabajar como una esclava y dormir entre las cenizas, y sin embargo estar siempre limpita y bien peinada.
Y así fue como nuestra moderna Cenicienta se lanzó a la vida prácticamente agradeciendo cada sufrimiento, porque eso la acercaba un paso más al principado. El tema es que la vida se empeñó en demostrarle cuán equivocada estaba, y con cada sopapo la pobre se despeinaba un poquito... Hasta que quedó así: sucia, andrajosa y con los pelos parados (de más está aclarar que esto es una metáfora, no es que le escape al jabón y al peine).
Bueno, no quiero extenderme demasiado en esta primera (y demorada) entrada. Ya iré desglosando de a poco mi interpretación sobre los viejos y nobles cuentos de hadas, verdades y mentiras de los príncipes azules, histerias y miserias varias. Pero ahora tengo sueño, y además ya me cansé de hablar en tercera persona como el Diego en sus buenas épocas. Porque como seguramente se habrán dado cuenta, la Cenicienta despeinada es esta humilde servidora. Ojo! Ni se molesten en llamarme para que les limpie los pisos y les friegue la casa como la del cuento, porque ni en pedo... esa parte también es una metáfora, yo eso no lo hago ni en mi casa!
Dicen que para muestra basta un botón, así que ya se irán haciendo una idea de lo que pueden encontrar por estos lares: ¡absolutamente cualquier cosa!